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¿Sabes manejar el volante?

Volante de cuernos de Citroen

Qué pregunta más tonta, ¡por supuesto que sé manejar bien el volante! ¿Cómo te crees que conduzco si no? ¿Con los pies?

Seguro que más de uno piensa algo parecido a eso cuando lea el título de la entrada. Y aunque pueda parecer una chorrada, no lo es: manejar el volante equivale, en primer lugar a comodidad y en segundo lugar a seguridad. Sólo hace falta montar con un piloto experto y fijarse en el juego de manos, en cómo no se cruzan sobre el radio, la forma de sujetarlo… olvidémonos los vicios y costumbres y reaprendamos a manejar el volante.

La posición correcta de las manos la tiene todo el mundo clara. Deben estar situadas, entre las dos menos diez y las tres menos cuarto. En los últimos tiempos estudios y pilotos expertos se han decantado casi exclusivamente por las diez y diez.

Para comprobar si llegamos al volante correctamente a fin de no fatigarnos y tener más estabilidad tendremos que juntar las muñecas y colocarlas en la parte más alta de la circunferencia sin separar para ello la espalda del respaldo. Las manos deben quedar colgando más allá del borde exterior del volante, con nuestras muñecas apoyadas.

Dedos pulgares correctamente colocados

A la hora de agarrarlo hay algo en lo que casi nadie hace hincapié y probablemente algunos ni tan siquiera lo saben: los dedos pulgares. Estos deben ir fuera, apoyados sobre el marco del círculo y en ningún caso agarrar el volante por debajo. Esto es así porque la columna de dirección transmitirá a estos dedos las vibraciones producidas por el terreno, provocando un esguince o lesión más grave en caso de un fuerte bache. Además, de esa forma, ganaremos velocidad para usar la técnica correcta de manejo, dado que mantendremos siempre un apoyo pero no un agarre.

Entonces, si conocemos la postura correcta de colocación, ¿por qué en cuanto arrancamos vamos girando de forma incorrecta o soltamos las manos? No sólo es la forma más efectiva de controlar el vehículo, sino la única para la que están pensadas las medidas de seguridad. En esta postura el airbag no podrá causarnos daños severos y nuestros brazos jugarán a favor nuestro en caso de colisión, soportando gran parte del golpe y manteniéndonos en nuestro asiento. Por tanto, la concienciación y reacostumbrar al cuerpo a esa postura deber ser lo primero que hagamos.

Tomando curvas leves Cuando tomamos curvas cuyo radio es amplio, por ejemplo circulando por autopista, no es necesario soltar las manos del volante en ningún momento. Durante la curva es normal que nuestras manos no marquen las diez y diez, sino que hayan quedado las tres o las nueve en punto, ocho y cinco… o similares. Es fundamental girar el volante con ambas manos, aunque siempre habrá una que tirará de él (la del lado de la curva) y otra que servirá como mero empuje.

Giros cerrados y curvas con poco radio Las manos en estos casos deben desplazarse sobre el volante, pero nunca soltarlo completamente. La mejor manera de explicar esto es basándonos en una secuencia real. Por ejemplo, voy a relatar la toma de una curva hacia el lado izquierdo:

  1. Divisamos la curva, preparamos el coche para entrar en ella y comenzamos a mover nuestras manos, que han permanecido hasta ahora en la posición de las diez y diez.
  2. Dejamos de sujetar el volante con nuestra mano izquierda, aunque no la separamos de éste. La desplazamos hasta alcanzar «las doce». Una vez allí, la hacemos sujetar nuevamente el disco y será nuestra mano derecha la que aflojará la presión. Así, la izquierda tirará del volante hacia abajo y la mano derecha, aún sin apretar, se mantendrá en su lugar correcto.
  3. La secuencia del punto dos deberá repetirse hasta haber girado suficientemente el volante, aunque con la primera vez suele ser más que suficiente (en conducción defensiva, no en tramos deportivos o especialmente rápidos). La mano izquierda tendrá que ocupar otra vez su posición «a las diez» durante el trazado de la curva y si es necesario regular el giro levemente mientras estamos en ella, actuaremos como si de una curva suave se tratara.
  4. Cuando ya hayamos tomado la curva y llegue la hora de enderezar, actuaremos de igual modo que a su entrada, pero cambiando las manos. La izquierda permanecerá en su sitio aflojando la presión, mientras que la mano derecha subirá a «las doce» y tirará del volante tantas veces sea necesario para enderezar la dirección. A continuación regresará a su posición original y continuaremos la marcha.

El fundamento de esta forma de manejar el volante se basa en dos preceptos: siempre una mano ha de quedar colocada en la posición correcta y el volante ha de ser girado desde su zona más alta.

Esta técnica se emplea en conducción deportiva y tiene grandes ventajas en la circulación diaria, aunque a primera vista pueda parecer lenta de ejecución. Es precisamente en eso, en la rapidez y capacidad de efectuar los movimientos correctamente y sin dirigir nuestra mirada al volante, donde demostramos ser mejores conductores, al menos técnicamente.

No conviene empezar el aprendizaje de esta técnica en carreteras abiertas al tráfico. Normalmente nos liaremos y acabaremos mirando el volante en vez de lo que ocurre por delante nuestro. Un volante de juegos en casa, una bandeja o plato de cocina o nuestro coche sobre una campa serán los lugares idóneos para comenzar. Y evidentemente, si nos es posible, una pista cerrada al tráfico. Cuando lo hagamos con cierta soltura habrá que circular poniéndolo en práctica.

No te desanimes si al principio vas muy lento o te cuesta mucho. Tal vez en alguna curva muy cerrada necesites girar como lo hacías antes. Lo realmente importante es el empeño y que te des cuenta que conducir así te reportará grandes ventajas: comodidad, seguridad y eficacia. Porque gracias a un correcto manejo del volante terminarás controlando mejor la velocidad con la que debes entrar y salir de las curvas, entre otras cosas.

Fuente:  www.circulaseguro.com