The Blog

Qué ver en Marrakech

Marrakech, la ciudad más turística de Marruecos,  cuenta con más de un millón y medio de habitantes. Su Medina, que encierra numerosas joyas, es Patrimonio de la Humanidad. Su ubicación entre el Sáhara, la majestuosa formación montañosa del Atlas y el Anti Atlas le hace estar en el centro de una encrucijada en la que comerciantes, mercaderes, poetas y viajeros tomaron como lugar de parada desde hace siglos. Aquí os dejamos las visitas imprescindibles a realizar.

 

Plaza Jamaa el Fna. Centro neurálgico de la Medina y una de las estampas más conocidas de la ciudad. Aquí podremos hacernos la típica foto con un mono o una serpiente, disfrutar de un refrescante zumo de naranja o, simplemente, contemplar el espectáculo de la vida. Es la antesala de los zocos.

 

 

Zocos. Agrupados por gremios, los zocos de Marrakech se extienden por un laberíntico entramado de callejuelas que invitan a perderse y caer en la tentación del regateo. En sus pintorescos tenderetes los turistas buscan el mejor precio en especias, ropas, comida, artesanía, etc.

 

 

Madraza de Ben Youssef. Esta Escuela Coránica, que tenía capacidad para alojar hasta 900 estudiantes, fue construida en 1564 y es unas de las más grandes del Magreb. El patio y las austeras habitaciones de los estudiantes son sus grandes atractivos. Horarios y precios. Es aconsejable adquirir la entrada que incluye la visita al Museo de Marrakech (el edificio merece la pena tanto como la exposición o más) y a la Koubba Ba’Adiyn (una cúpula que se conserva como único resto de una antigua mezquita almorávide).

 

 

Tumbas saadíes. Pequeño recinto que contiene las tumbas de la dinastía sadí. Destaca el Mausoleo de Ahmed el Mansur, una obra maestra de la arquitectura islámica con sus columnas de mármol de Carrara, su cúpula fabricada en madera de cedro y ornamentada en pan de oro, sus azulejos vidriados, etc. Horarios y precios.

 

 

Mezquita Koutoubia. Es una de las mezquitas más grandes del mundo y su alminar sirvió de modelo para la Giralda de Sevilla. Fue construida en 1147 y su sala de oraciones puede albergar a más de 20.000 fieles. La entrada está prohibida a los no musulmanes, pero merece la pena rodearla, pasear por sus jardines y echar un vistazo respetuoso desde la entrada.

 

 

Menara. Un sencillo pabellón y una gigantesca alberca (estanque) de 200 metros de largo conforman este reducto rodeado de olivos en los límites de la ciudad, en un terreno que abarca en total unas 90 hectáreas. Los lugareños acostumbran a pasar el día de pic-nic y los más atrevidos hasta se dan un chapuzón en la “piscina”, sobre la que se cuentan varias historias; se dice que fue construida para que un sultán almohade aprendiera a nadar… o que los sultanes lanzaban allí a las concubinas con las que habían pasado la noche.

 

 

Palacio Bahía. Es el palacio más suntuoso de la ciudad. Construido en el S. XIX por dos poderosos visires, contó para su construcción y decoración con los mejores artesanos del país. Destaca por el lujo de sus estancias y patios en la zona más moderna. Horarios y precios. También es aconsejable la visita al Palacio El Badi, más antiguo y grande, aunque hoy sólo se conservan las ruinas y unas pocas dependencias. Horarios y precios

 

 

Museo Dar Si Saïd. Antiguo palacio, hoy convertido en museo, decorado de forma espectacular. Destacan su sala de recepciones, su jardín andaluz y las exposiciones de alfombras, puertas, arcones, armas, cerámica, trajes y joyas. Horarios y precios.

 

 

Palmeral. Abandonando las históricas Murallas de la ciudad (que datan del S. XII) podemos acceder a la famosa zona de La Palmeraie, un extenso terreno de más de 13.000 hectáreas que contiene unos 150.000 árboles (palmeras en su mayoría, claro). Suele recorrerse en carruaje de caballos, aunque también se puede visitar en coche. El paseo es agradable y en su mayor parte muy tranquilo, pero impresiona ver los contrastes entre la riqueza de unos (los que están cargándose el palmeral construyendo lujosas viviendas) y la pobreza de otros (que sacan a sus esquifidas ovejas a pastorear, amontonan basura en cualquier rincón o malviven ofreciendo paseos en camello e incluso pidiendo alguna limosna).

 

 

Jardines Majorelle. Propiedad de Yves Saint Laurent, estos hermosos jardines fueron creados en 1923 por Jacques Majorelle. El jardín alberga más de 400 variedades de palmera y unas 1.800 de cactus. Su estanque y la sombra que proporcionan las plantas hacen que la visita sea de lo más agradable. Un soplo de aire en una ciudad tan calurosa. Horarios y precios en la web oficial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: http://www.losapuntesdelviajero.com